sábado, 2 de agosto de 2014

Francisco Tario: un escritor como pocos









..entretanto que un ser humano no haya aprendido a aceptar todas las mágicas posibilidades que nos ofrece la vida—aún aquellas que puedan parecernos más inadmisibles y remotas—, uno no podría tener la certeza de que ese ser existe plenamente, puesto que sólo de ese modo es como el hombre entra a formar parte de la vida tal cual es—poderosa y mágica, sorprendente—, y como, de paso, logrará honrar a Dios con justicia y rendir culto a su imaginación fantástica.

Fuera de programa
Francisco Tario



La magia de las palabras era, para Baudelaire, una fuerza capaz de mantener el orden del mundo. La literatura es entonces una suerte de tejido que mantiene a nuestra realidad unida, y cuando las letras fallan el universo como lo conocemos colapsa. El escritor es el demiurgo del cosmos: el poeta es atravesado por las fuerzas siderales para plasmar, en burdas palabras, su imagen, el poderío de las estrellas. El cuentista funge también como portador o comunicador de esta fuerza: Bioy Casares dijo que las ficciones fantásticas son anteriores a las letras, desde siempre la inteligencia ha soñado con otros mundos posibles.
Francisco Tario, nombre de pluma de Francisco Pélaez Vega, fue uno de estos hombres que se entregaron por completo a lo sagrado de su trabajo. Nos legó cuentos que de ser reconocidos en su tiempo compartirían lugar con las creaciones de Borges y de Cortázar, (quien esto escribe se contenta con ese pobre consuelo que otorga la imaginación: en una realidad alterna cualquiera, Francisco Tario es antologado por los conocedores del cuento hispanoamericano) así como nuestros grandes maestros de lo fantástico como Alfonso Reyes y Salvador Elizondo.
Los cuentos de La noche transpiran oscuridad, atmósferas dignas de un cuento de E.TA. Hoffmann, y verosimilitud. Que un escritor mexicano hable sobre el apetito sexual de un sacerdote en pleno velorio parece sorpresivo en los tiempos en que fue escrito, en la primera mitad del siglo pasado, que un traje piense y tenga sentimientos y le creamos al cuentista todo lo que nos dice, es una proeza de la narrativa. Un hombre como Tario, que hacía grabaciones caseras de Drácula, es hoy día una suerte de leyenda entre los lectores que gustamos de la literatura fuera de lo convencional.
Tario creía en la fuerza de los sueños, misma que terminó insuflada en sus historias. Los objetos y animales adquieren el poder de la palabra para contarnos sobre cosas que sabemos; la soledad, la tristeza, un odio incontenible a la vulgaridad del ser humano. Parafraseando a Baudelaire: se dice que el escritor debe ser un poeta, aún en la prosa. Francisco Pélaez lo consiguió de tal modo que sus historias rompieron los moldes que imperaban sobre el cuento. Aunque no le faltaron lectores de la talla de Octavio Paz o García Márquez, su obra parece destinada al olvido. Demasiado pocas son las ediciones de sus cuentos, y muy tibios son los intentos de difundir su obra.

Parece que la adoración de este escritor está destinada a una secta, una sociedad secreta que no tiene cuotas ni reuniones especiales, tú puedes ser el siguiente  iniciado: mañana un amigo tuyo podría llegar con una copia de La noche en su USB y pasártela para que la leas en tu computadora. Así fue como la recibí yo, de forma digital por un adepto que se tomó su tiempo para transcribir la genialidad de las obras de Tario a formato Word. 

Finalmente, les dejo tres cuentos de Francisco Tario: