..entretanto que un ser humano no haya
aprendido a aceptar todas las mágicas posibilidades que nos ofrece la vida—aún
aquellas que puedan parecernos más inadmisibles y remotas—, uno no podría tener
la certeza de que ese ser existe plenamente, puesto que sólo de ese modo es
como el hombre entra a formar parte de la vida tal cual es—poderosa y mágica,
sorprendente—, y como, de paso, logrará honrar a Dios con justicia y rendir
culto a su imaginación fantástica.
Fuera de programa
Francisco Tario
Fuera de programa
Francisco Tario
La magia de las palabras era, para Baudelaire, una fuerza
capaz de mantener el orden del mundo. La literatura es entonces una suerte de
tejido que mantiene a nuestra realidad unida, y cuando las letras fallan el
universo como lo conocemos colapsa. El escritor es el demiurgo del cosmos: el
poeta es atravesado por las fuerzas siderales para plasmar, en burdas palabras,
su imagen, el poderío de las estrellas. El cuentista funge también como
portador o comunicador de esta fuerza: Bioy Casares dijo que las ficciones
fantásticas son anteriores a las letras, desde siempre la inteligencia ha soñado
con otros mundos posibles.
Francisco Tario, nombre de pluma de Francisco Pélaez Vega,
fue uno de estos hombres que se entregaron por completo a lo sagrado de su
trabajo. Nos legó cuentos que de ser reconocidos en su tiempo compartirían
lugar con las creaciones de Borges y de Cortázar, (quien esto escribe se
contenta con ese pobre consuelo que otorga la imaginación: en una realidad
alterna cualquiera, Francisco Tario es antologado por los conocedores del
cuento hispanoamericano) así como nuestros grandes maestros de lo fantástico
como Alfonso Reyes y Salvador Elizondo.
Los cuentos de La noche transpiran oscuridad, atmósferas
dignas de un cuento de E.TA. Hoffmann, y verosimilitud. Que un escritor
mexicano hable sobre el apetito sexual de un sacerdote en pleno velorio parece
sorpresivo en los tiempos en que fue escrito, en la primera mitad del siglo
pasado, que un traje piense y tenga sentimientos y le creamos al cuentista todo
lo que nos dice, es una proeza de la narrativa. Un hombre como Tario, que hacía
grabaciones caseras de Drácula, es hoy día una suerte de leyenda entre los
lectores que gustamos de la literatura fuera de lo convencional.
Tario creía en la fuerza de los sueños, misma que terminó
insuflada en sus historias. Los objetos y animales adquieren el poder de la
palabra para contarnos sobre cosas que sabemos; la soledad, la tristeza, un
odio incontenible a la vulgaridad del ser humano. Parafraseando a Baudelaire:
se dice que el escritor debe ser un poeta, aún en la prosa. Francisco Pélaez lo
consiguió de tal modo que sus historias rompieron los moldes que imperaban
sobre el cuento. Aunque no le faltaron lectores de la talla de Octavio Paz o
García Márquez, su obra parece destinada al olvido. Demasiado pocas son las
ediciones de sus cuentos, y muy tibios son los intentos de difundir su obra.
Parece que la adoración de este escritor está destinada a
una secta, una sociedad secreta que no tiene cuotas ni reuniones especiales, tú
puedes ser el siguiente iniciado: mañana
un amigo tuyo podría llegar con una copia de La noche en su USB y pasártela
para que la leas en tu computadora. Así fue como la recibí yo, de forma digital
por un adepto que se tomó su tiempo para transcribir la genialidad de las obras
de Tario a formato Word.
Finalmente, les dejo tres cuentos de Francisco Tario:

"(quien esto escribe se contenta con ese pobre consuelo que otorga la imaginación: en una realidad alterna cualquiera, Francisco Tario es antologado por los conocedores del cuento hispanoamericano)".
ResponderEliminarEn cierta medida me parece que eso ha comenzado a ocurrir, si bien Tario aún depende todavía en buena parte del en mano en mano, eso a fin de cuentas no termina siendo necesariamente malo o menor al llamado reconocimiento académico o especializado del que de cualquier modo, no parecía muy fanático. Saludos Rangel.
Es verdad, tal vez no sea malo que alguien tan grande permanezca desconocido por gente que podría disfrutar sus cuentos: podría ser nada más un síntoma de las condiciones en que se encuentra nuestro país en materia de Literatura y valoración. Saludos compa.
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