martes, 8 de julio de 2014

DEPARTAMENTO 9

Aquella historia siempre había intrigado a Juan: en el 75 un hombre saltó del edificio frente al parque municipal, para estrellarse contra el pavimento y morir. Después de revisar el cadáver, los paramédicos dijeron haberle encontrado algunos aparatos desconocidos entre las ropas, además de una nota que decía: no puedo más. En el inmueble dijeron no conocerlo. Un albañil que trabajaba en la acera de enfrente, dijo haber visto al suicida sacando la cabeza por la ventana antes de saltar. Minutos más tarde, los transeúntes se encontraron al cadáver sobre una mancha de sangre negra.
            El hecho se siguió contando por décadas, pues al hacerse público que el cuerpo había desaparecido de la morgue, la gente comenzó a imaginar. Juan creció escuchando las diferentes versiones del cuento; que si el hijo loco del señor del cuarto piso, encerrado por su propia familia para evitar vergüenzas, que si el espectro del conserje enojado. Cuando fue mayor, sabía que sólo en un lugar deseaba vivir: el departamento nueve, del edificio frente al parque. Al instalarse comenzó a sentirse emocionado. Por fin estaba en el sitio donde hace años, un hombre se había lanzado al vacío, para después desaparecer sin dejar rastro atrayendo la atención pública.
            Una tarde, mientras leía un volumen le dio hambre y salió a la calle para comer algo. Al caminar pensaba que el hombre, es incapaz de conocer todos los recovecos del universo, viendo milagros y espectros donde los fenómenos físicos operan con fuerzas, que aún no han sido medidas por la ciencia. Regresó para leer otro poco del mismo libro de antes, pero en un capítulo diferente, antes de quedarse dormido sobre el sofá. Lo despertó un sonido en la calle: la música era acompañada por la voz de un hombre que prometía progreso, cambio, bienestar. Otro político, pensó Juan, al tiempo que se ponía de pie para cerrar la ventana. Al hacerlo, de forma mecánica llevó las manos hasta el armazón de metal que rodeaba al vidrio, sin reparar mucho en el exterior. Hasta que vio la camioneta que pasaba dando publicidad al candidato. Era un modelo de Chevrolet 64, portando tres altavoces en el toldo, y con el escudo de un partido político sobre las puertas.
            En la calle había otros automóviles de modelos antiguos, niños jugando a la pelota o con canicas, y en general, personas con ropas de estilo anticuado y peinados viejos. Por un momento sólo se contentó con observar. Sacó la cabeza para verlo todo con detenimiento; el viento le enfrío las orejas y revolvió su cabello. Vio en la acera de enfrente a un hombre que instalaba un andamio junto a una pared a medio terminar.
            No supo qué sentir al ver aquella escena que le ofrecía su ventana; el hombre que trabajaba enfrente lo miró un momento antes de arrojar mezcla sobre los ladrillos. Le gritó tratando de llamar su atención, pero el trabajador continuó en lo suyo, sin volverlo a ver. Se dio cuenta que todo eso le parecía muy familiar, y un vacío se formó en su estómago, pues durante años, la gente había estado contando historias sobre él y su cuerpo sin vida en el pavimento.

Cuento publicado originalmente en la antología de Jóvenes Creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Aguascalientes. Escrito con la beca otorgada en la convocatoria 2008-2009 del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Aguascalientes.

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